Carlos:
Ana, debí haber sabido que te encontraría aquí.
Ana:
¿Qué quieres decir?
Carlos:
Pues, tú sabes…
Ana:
¿Qué?
Carlos: A todas las personas como tú les gusta este tipo de cosas.
Ana: … ¿a personas como yo?
Carlos: Sú, tú sabes, marimachas, lesbianas. Tú sabes.
Ana: ¿Tú piensas que soy lesbiana?
Carlos:
...pues…sí. Te gustan las chelas, usas flannels, tienes el pelo de ese
estilo—todo corto y masculino, y estas en una pelea de lucha.
Ana: No
te debo explicaciones, pero para tu información no soy lesbiana.
Carlos: ¡Ah, perdón! No hay ningún problema con namás querer ver a los luchadores, están
bien ponchados y guapotes.
Ana: A la mejor eres tú el que es del otro bando.
Carlos: ¡¿Qué?! ¡NO! Yo soy bien macho. No.
Ana: Si
tú dices..
Carlos: Mira, te puedo contar de todas las chavas con las que he estado.
Ana:
Nadie quiere oír sobre tus ‘conquistas’. Mejor, ahí párale antes de que metas
mas la pata.
Carlos: No seas aguafiestas.
Ana:
Mira, ya te toleré esos comentarios estereotipados que te hacen sonar ignorante,
y no quiero tener que fingir interés en las formas que has usado a las mujeres.
Mejor ahí nos vemos.
Carlos: No soy así, namás que, tú sabes, uno tiene que enseñar el aprecio a las mujeres,
a quién no le gustan los chiflidos y en mi cuarto tengo un montón de carteles
de mujeres bellas y...
Ana: Ya
deberás, mejor hay nos vidrios, porque no puedo oír como crees que la objetivación
de la mujer es algo ‘bueno’ y deseado...
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