martes, 1 de abril de 2014

(Sin título), por Juan Mora

[Este cuento participó en el concurso #98 de ficción breve convocado por el escritor Alberto Chimal en su sitio Las Historias]



Esa mañana había amanecido con muchísimas ganas de explorar el mundo desconocido. Desafortunadamente, los tubos helados de hiero- que lo mantenían bajo observación- no le permitían salir de su celda. Cada mañana, se le olvida todo el recuerdo del día anterior; para él era un don poder renacer de nuevo cada mañana. Todo se le olvidaba, menos la existencia de su perro. Se ingenuo una manera de salir, al lado de su perro quien usaría como protección. Al romper por la ventana de su celda, sonaron las campanas. Duro tres días explorando el mundo con su mascota. Todo iba muy bien, hasta que poco a poco se le acercaba la captura. Él se sentía invencible- inconsciente que lo perseguían- ya que su perro lo protegería de cualquier cosa o persona. Se instaló cerca de un mercado, para que con su perro asustara a la gente; deseaba que de tantas cosas que veía cada día- se le quedaran grabadas las carcajadas de tan siquiera una persona.

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