martes, 1 de abril de 2014

(Sin título), Anna Brown

[Este cuento participó en el concurso #98 de ficción breve convocado por el escritor Alberto Chimal en su sitio Las Historias]




Había algo extraño pasando en el espacio de al lado. Mi escritorio afrontaba la calle y yo vi todo. Por lo que podía recordar la puerta había sido cerrada y cubierto con papel, pero recientemente lo he visto abierto. Y por la primera vez, hay gente entrando. Entran solos, pero salen con un compañero. La mayoridad usan cajas para que no sea tan obvio, pero yo lo entendí que estaba pasando cuando un hombre llego una mañana con un perro de peluche grandísimo. Lo tenía agarrado por su cuello, la cola arrastrando en el suelo. Parecía agotado cuando entro, pero cuando salió unos minutos después con un perro vivo de los mismos colores y tamaño de lo de peluche, tenía el caro de alguien que había logrado la meta de su vida. En este momento decidí ir yo el día siguiente con el animal de pelechó más querido de mi infancia. El osito siempre ha sido mi compañero más fiel, y quizás ahora podía tener esta amistad de nuevo.

No hay comentarios: