domingo, 30 de marzo de 2014

(Sin título), por Ryan McCabe

Entro en el salón y veo que Marliena está sentada al lado del escritorio del profesor. Ella tiene ojos verdes y un acento venezolano, pero en este momento está callada. Me parece que no se ha pintado la cara esta mañana. Me gustan las mujeres que no se maquillan tanto. Parecerse así de muñeca no me parece natural. Me gustaría encontrar a una chica que no se preocupara de los “looks” más de moda actualmente. Pues así es Marilena. Alta. Guapa. Respetuosa. Lista. Con aspiraciones. Ella siempre me pone muy nervioso cuando la veo. De vez en cuando creo que le voy a entablar en una conversación, pero nunca lo he hecho. Es que me llena con muchas emociones cuando habla. Tiene un encanto que no se puede definir ni explicar.  Bueno, intento describirlo ahora. A ver si logro hacerlo. Me fijo en ella porque creo que es realmente la primera vez que me he enamorado de alguien. Claro que han pasado varias amigas por mi cama, pero han sido como los snapchats. Me han hechos felices varias veces, pero no consiguen mantener la atención. Y, de repente, desaparecen. A lo contrario, Marilena me ha sostenido la atención. En realidad, ella me sostiene. Es como si fuese la mano que me da de comer. Cuando falto mi clase de Econ110 y paso una semana sin verla, pues me siento vacío. De todos modos, escribo sobre Marilena porque me ha enseñado lo que es el amor. [1]




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