Nacemos con ciertas herramientas: nuestros talentos y gustos, únicos
para cada persona. Sin embargo, nos falta la experiencia necesarias para saber
cómo utilizarlos o inclusive controlarlos.
Algo que les pasa a todos, si lo
quieren o buscan o no es el crecimiento.1 Avanzamos en la vida, y aprendemos y
realizamos el maravillo que contienen estas herramientas. A veces es difícil y
a veces no es intuitivo, pero cada humano que ha vivido o vivirá comparte esta
experiencia.
También es la fundación de la literatura. Cada acción contribuye al
desarrollo de un personaje. Hay un significado personal implicado en todo lo
que pasa.
Comer un sándwich no es solamente comer un sándwich.
Establecer un negocio no es solamente establecer un negocio.
Matar un dragón no es solamente matar un dragón.
La jornada es lo que interesa leer el lector, y es lo que interesa
escribir un escritor, no solo el destino. Si solamente les importara el
destino, los cuentos no durarían más que una frase.
No, cada personaje cambia y desarrolla en su propio cuento. A veces es
una transformación bien fea. Pero nadie, o en la literatura o en la vida puede
evitarlo.
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