"¿Donde queda la casa de la tía?", pensó Derek mientras manejaba por el suburbio mas lujoso de Atlanta. Agarró la mano de su novia y empezó a tocar el diamante sobre su dedo oscuro, mientras buscaba la dirección escrita en el post-it pegado a la bocina.
Estaban preparándose para la batalla venidera.
Toda la familia había conocido a Sami salvo la tía Roberta, esa bestia sin filtro, ese monstruo, el más racista del "tri-state área." De hecho, seria más justo decir que Sami ya tuvo que enfrentar al manicomio que es la familia extendida de su novio.
Pero esta visita era necesaria. El tío Richard, que su alma descanse en paz, dejó su fortuna a su sobrino único, Derek. Entonces la pareja estaba allí frente a la puerta amarilla de la mansión del tío fallecido y de la tía a favor de la Confederación, para pedir usar el dinero para financiar la boda. "El amor vence todo," pensó Derek al oír pasos hacia la puerta.
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