En la primavera de mi último año en la secundaria, la madre de una compañera de clase se murió de una condición del corazón. Fue un gran shock; ella era una mujer muy sana, sin antecedentes de problemas cardíacos. Todas las estudiantes de la clase fueron al funeral. Nunca he conocido a la madre, pero pensé en mi mamá y cómo yo sentiría si ella muera. Creo que las otras chicas estaban pensando en la misma cosa, porque todas nosotras lloramos. Quizás se puede atribuirlo a algo de hormona juvenil en los adolescentes. En todo caso, creo que todos éramos muy conscientes ese día de la fragilidad de la vida y la presencia constante de la muerte.
La muerte está presente en todas vidas, pero muchas veces sólo podemos conocerlo por su efecto en las vidas de otras personas. Aunque algunas personas aseguran haber muerto por un momento y luego de regresar de la muerte, la mayoría de la gente no tiene una idea clara de lo que va a ocurrir después del último aliento. No obstante, muchas religiones enseñan que debemos vivir nuestras vidas en concordancia con ciertas reglas para garantizar la entrada a otra vida eterna después de la muerte.
Practico una de esas religiones. Como cristiana creo en el cielo y el infierno, pero para mí la idea de una vida después de la muerte—incluso el cielo—es aterrador. ¿Quién quiere vivir para siempre? Sé que esta frase es el nombre de una canción por Queen, la gran banda de rock, pero quiero decir estas palabras en serio: ¿Quién quiere vivir para siempre? La belleza de la vida radica en el hecho de que nada es permanente. No momento volverá a ocurrir de nuevo; cada momento tiene la oportunidad de ser singular y único. Valoro esta vida y mi tiempo porque nunca podré experimentarlos una vez más. Temo a la muerte porque no me siento preparada para ello—hay demasiadas cosas que hacer en esta vida que aún no he hecho. Algún día, quiero saludar a la muerte como un viejo amigo.
Independientemente de la religión, casi todo el mundo está de acuerdo en que lo que hacemos en esta vida en la tierra es importante. Entonces, aunque nadie sabe con seguridad total la muerte, somos conscientes en el fondo de la mente que la muerte nos espera. En la literatura este tema frecuentemente tiene la forma de “carpe diem” o “tempus fugit.” Para mí, las obras de literatura más fascinantes son las que pueden descubrir la belleza escondida en los detalles más pequeños y cotidianos en la vida. Por ejemplo, el libro Mrs. Dalloway de Virginia Woolf describe sólo un día en la vida de una ama de casa, pero hacerlo con la percepción tan aguda y poética que cuando lo terminé, quería tener esta habilidad de valorar cada momento singular: los colores, los sonidos, los olores, las sensaciones, la gente....
Por desgracia todavía pierdo un montón de tiempo cada semana navegando por la red.
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